CONTINUACION DE LA NUBE DEL NO SABER
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De la manera que tiene el hombre de conocer
cuándo sus pensamientos son pecaminosos;
de la diferencia entre pecados mortales y veniales
Otra cosa son los pensamientos sobre los hombres mortales y sobre las cosas materiales o mundanas. Es posible que aparezcan en tu mente sin tu consentimiento pensamientos relativos a estas cosas. No hay pecado en ello, pues no es culpa tuya ya que todo esto sucede como resultado del pecado original. Aunque quedaste limpio del pecado original en el bautismo, sigues cargado con sus consecuencias. Por lo mismo, estás obligado a rechazar estos pensamientos inmediatamente, pues tu naturaleza es débil. Si no lo haces, te puedes ver arrastrado a amar u odiar según las reacciones que susciten. Si es un pensamiento agradable o te recuerda algún placer pasado, podrías sorprenderte consintiendo al goce del mismo; y si se trata de un pensamiento desagradable o te trae a la memoria algún recuerdo doloroso, podrías ceder a un sentimiento de rencor. Un consentimiento tal puede llegar a convertirse en pecado grave en el caso de una persona que vive alejada de Dios y que ha hecho una elección fundamental en contra del bien. Pero en el caso tuyo como de cualquier otra persona que sinceramente ha renunciado a las ataduras mundanas, sólo seria un pecado leve. Al haber elegido tu modo de vida actual, hiciste una opción radical por Dios, y esto queda en pie, aunque tengas algún fallo pasajero. No hay un consentimiento pleno y por esto, para ti, seria un pecado más leve. A pesar de todo esto, si permites que tus pensamientos, faltos de control, lleguen al punto en que consciente y voluntariamente tú te instalas en ellos, con pleno consentimiento, caerías en un pecado grave. Pues es siempre pecado grave, si con plena conciencia y asentimiento te mantienes pensando en alguna persona o cosa que incitan tu corazón a uno de los siete pecados capitales.
Si le das vueltas a alguna injusticia pasada o presente, pronto te torturarán deseos de venganza e ira; y la ira es pecado. Si engendras desprecio profundo por otra persona y una especie de odio lleno de rencor y de juicios prematuros, has sucumbido a la envidia. Si cedes a la comodidad y a la desgana de hacer el bien, esto se llama pereza. Si el pensamiento que te viene (o suscitas) está cargado de engreimiento y te hace presumir de tu honor, inteligencia, los dones recibidos de la gracia, de tu estado social, tus talentos o tu belleza, y si voluntariamente te regocijas en ello, estás cayendo en el pecado del orgullo. Si se trata de un pensamiento referido a cosas materiales, es decir, bienestar, posesiones u otros bienes terrenales que la gente se afana en conseguir y llamar suyos, y si te mantienes en este pensamiento suscitando el deseo, esto es codicia. Si sucumbes al deseo desordenado de comidas y bebidas refinadas o en cualquier otro de los goces del gusto, el pecado se llama gula. Y finalmente, el deseo ilícito del goce carnal o de las caricias y los halagos de otros, esto se llama lujuria.
Si tus errantes pensamientos evocan cualquier placer, pasado o presente, y si te detienes en él, dejándole que eche raíces en tu corazón y que alimente tu deseo carnal, corres el peligro de verte vencido por el deleite de la pasión. Entonces pensarás que estás en posesión de todo lo que pudieras desear y que este placer puede satisfacerte a la perfección.
Que el hombre ha de valorar con precisión
sus pensamientos e inclinaciones y evitar una actitud
de descuido con respecto al pecado venial
No digo esto porque me preocupe el que tú o cualquier otra persona de oración se halle realmente bajo el peso de la culpa de pecados como estos. Mi intención es poner de relieve la importancia que tiene para ti el percatarte de tus pensamientos y deseos tan pronto como surgen, ya que has de aprender a rechazar el más mínimo de ellos que pudiera conducirte al pecado. Te prevengo que una persona que no vigila y controla sus pensamientos, aun cuando no sean pecaminosos en sus primeros movimientos, terminará por no dar importancia a los pecados leves. Es imposible evitar todas las faltas y caídas en esta vida, pero la falta de cuidado en torno a pequeños pecados deliberados es algo intolerable para quien busca verdaderamente la perfección. Pues normalmente la negligencia en los pecados leves abre la puerta a la probabilidad del pecado mortal.
Que en la contemplación queda destruido el pecado
y se fomenta toda clase de bien
Así, pues, para mantenerte firme y evitar las trampas, mantente en la senda en que estás. Deja que tu incesante deseo golpee en la nube del no-saber que se interpone entre ti y tu Dios. Penetra esa nube con el agudo dardo de tu amor, rechaza el pensamiento de todo lo que sea inferior a Dios y no dejes esta obra por nada. La misma obra contemplativa del amor llegará a curarte de todas las raíces del pecado. Ayuna cuanto quieras, mantente en vigilia hasta bien entrada la noche, levántate antes de la aurora, disciplina tu cuerpo y, si te es permitido -que no lo es-, sácate los ojos, arráncate la lengua, tapa tus oídos y nariz y prescinde de tus miembros; si, castiga tu cuerpo con toda clase de disciplina y seguirás sin conseguir nada. El deseo y la tendencia hacia el pecado permanecerían en tu corazón.
Todavía más, si lloraras en perpetuo llanto tus pecados y
La obra del amor no sólo cura las raíces del pecado, sino que fomenta la bondad práctica. Cuando es auténtica verás que eres sensible a toda necesidad y que respondes con una generosidad desprovista de toda intención egoísta. Todo lo que trates de hacer sin este amor será ciertamente imperfecto, pues es seguro que se echará a perder por ulteriores motivos.
La bondad auténtica se manifiesta en una manera habitual de obrar bien y de responder adecuadamente en cada situación, según se presenta; está movida siempre por el deseo de agradar a Dios. Solo él es la fuente pura de todo bien, y si alguna persona se ve motivada por algo distinto de Dios, aun cuando Dios sea el primero, entonces su virtud es imperfecta. Esto es evidente en el caso de dos virtudes en particular, la humildad y el amor fraterno. Quien adquiere estos hábitos y actitudes no necesita otros, pues en ellos poseerá todos los demás.
De la naturaleza de la humildad;
cuándo es perfecta y cuándo es imperfecta
Consideremos, pues, la virtud de la humildad de forma que puedas entender por qué es perfecta cuando Dios solo es su fuente y por qué es imperfecta cuando surge de otra fuente aun cuando Dios pudiera ser la principal. Trataré de explicar primero lo que es la humildad en si misma y después será más fácil captar la diferencia.
Un hombre es humilde cuando permanece en la verdad con un conocimiento y apreciación de sí mismo tal cual es. Y de hecho, cualquiera que se vea y experimente tal como real y verdaderamente es, no tendrá dificultad alguna en ser humilde, pues dos cosas le aparecerán muy claras. En primer lugar, verá claramente la degradación, miseria y flaqueza de la condición humana, fruto del pecado original. De estos efectos del pecado original el hombre nunca se verá totalmente libre en esta vida, por santo que llegue a ser. En segundo lugar, tendrá que reconocer la bondad trascendente de Dios tal como es en sí mismo y en su rebosante y superabundante amor hacia el hombre. Ante tan gran bondad y amor la naturaleza tiembla, los sabios tartamudean como locos, y los ángeles y santos quedan cegados por su gloria. Tan abrumadora es la revelación de la naturaleza de Dios, que si su poder no los sostuviera, no me atrevo a pensar qué sucedería.
La humildad engendrada por este conocimiento experimental de la bondad y del amor de Dios la llamo perfecta, porque es una actitud que el hombre mantendrá incluso en la eternidad. Pero la humildad que surge de una comprensión realista de la condición humana la considero imperfecta, porque no sólo desaparecerá en la muerte juntamente con su causa, sino que en esta misma vida no siempre será operativa. Pues a veces las personas muy avanzadas en la vida contemplativa pueden recibir de Dios tal gracia que de repente se sientan totalmente fuera de si mismas y sin pensar o preocuparse por si son santas o pecadoras. Los contemplativos ya adelantados pueden experimentar esto con mayor o menor frecuencia, según la sabiduría de Dios, pero en cualquier caso, a mi juicio, es un fenómeno pasajero. Durante este tiempo, sin embargo, aunque pueden perder todo interés o preocupación por sus pecados o virtudes, no pierden el sentido del inmenso amor y bondad de Dios y por tanto, tienen humildad perfecta. Por otra parte, sí el primer motivo es operativo, aunque sea de modo secundario, sólo tienen humildad imperfecta. No estoy sugiriendo, sin embargo, que se dé de lado el primer motivo. No quiera Dios que me entiendas mal, pues estoy convencido de que las dos cosas son provechosas y necesarias en esta vida.
Que en esta vida la humildad imperfecta
ha de preceder a la perfecta
Si hablo de la humildad imperfecta no lo hago porque dé poca importancia al verdadero autoconocimiento. Aunque se juntaran todos los ángeles y santos del cielo con todos los miembros de
Por tanto, no huyas del sudor y de la fatiga que supone el conseguir un verdadero autoconocimiento, pues estoy seguro de que cuando lo hayas adquirido llegarás muy pronto al conocimiento experiencial de la bondad y del amor de Dios. No un conocimiento completo, naturalmente, pues eso no es posible al hombre; ni siquiera tan completo al que poseerás en la alegría de la eternidad, pero si un conocimiento tan completo como es posible al hombre en esta vida.
Mi propósito al explicar los dos tipos de humildad no es ponerte en seguimiento de la perfecta con desprecio de la imperfecta. No, y confío en que nunca harás esto. Mi intención es simplemente ayudarte a apreciar la excelsa dignidad de la obra contemplativa del amor, en comparación con cualquier otra posible con la ayuda de la gracia. Pues el amor secreto de un corazón puro que presiona sobre esa nube oscura del no-saber que está entre ti y tu Dios de una manera oculta pero cierta incluye en si mismo la perfecta humildad sin ayuda de ideas concretas o claras. Quería además que apreciaras la excelencia de la humildad perfecta de forma que la mantuvieras ante tu corazón como un acicate a tu amor.
Esto es importante para nosotros dos. Y finalmente, me he esforzado por explicar todo esto porque creo que un conocimiento pleno sobre la perfecta humildad por si mismo te hará más humilde. Pues pienso a menudo que la ignorancia de los dos grados de humildad ocasiona una buena dosis de orgullo. Es muy posible que un poco de gusto de lo que he llamado humildad imperfecta pudiera llevarte a creer que ya eres humilde a la perfección. Te engañarías a ti mismo y lo que es más, habrías caído en el fétido cieno de la presunción. Esfuérzate, pues, por conseguir esta virtud en toda su perfección. Cuando una persona la experimenta no pecará ni entonces ni durante mucho tiempo.
Una prueba de que los que piensan que el motivo
más perfecto de la humildad es la comprensión
de la bajeza del hombre están en un error
Créeme cuando te digo que existe la humildad perfecta y que con la gracia de Dios puede ser tuya en esta vida. Insisto en esto porque algunos enseñan erróneamente que no existe mayor humildad que la ocasionada por el pensamiento de la desdichada condición humana y el recuerdo de la vida pecadora del pasado.
Concedo de grado que para los que están habituados al pecado (como yo mismo he estado) esto es muy cierto. Y hasta que el gran orín del pecado mortal sea raído en el sacramento de
Si no hubiera otra razón para la humildad más que la pobreza de la condición humana, entonces me preguntaría por qué los que nunca han experimentado la corrupción del pecado habrían de ser humildes. Pues, con toda seguridad, nuestro Señor Jesucristo, nuestra Señora, los santos y los ángeles del cielo están para siempre libres del pecado y de sus efectos. Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo mismo nos llama a la perfección de toda virtud en el Evangelio cuando dice que debemos ser perfectos por gracia como él lo es por naturaleza. Y así este llamamiento ha de incluir la virtud de la humildad.
Que un pecador verdaderamente convertido
y llamado a la contemplación llega a la perfección
del modo más rápido a través de la contemplación;
que este es el camino más seguro para obtener
de Dios el perdón del pecado
No importa que el hombre haya pecado mucho, ya que puede arrepentirse y enmendar su vida. Y si siente que la gracia de Dios le arrastra a la vida contemplativa (habiendo seguido fielmente la dirección de su padre y consejero espiritual), que nadie se atreva a llamarle presuntuoso por querer alcanzar a Dios en la oscuridad de esa nube del no-saber con el humilde deseo de su amor. ¿No dijo nuestro Señor a María, que representa a todos los pecadores arrepentidos llamados a la contemplación: «tus pecados te son perdonados»?. ¿Piensas que dijo esto sólo porque ella se acordaba siempre de sus pecados pasados? ¿O por la humildad que sentía a la vista de su miseria? ¿Q porque su dolor era grande? No, fue porque «amó mucho».
Graba bien esto. Pues en ello puedes ver lo poderoso que es con la ayuda de Dios ese secreto amor contemplativo. Es más poderoso, te lo aseguro, que cualquier otra cosa. Pero, al mismo tiempo, María estaba llena de remordimiento, lloró mucho sus pecados pasados y estaba profundamente humillada ante el pensamiento de su vileza. En el mismo sentido, nosotros que hemos sido tan miserables y habituales pecadores durante toda nuestra vida deberíamos lamentar nuestro pasado y ser totalmente humildes al recordar nuestro infeliz estado.
Pero, ¿cómo? Sin duda el camino de María es el mejor. Ciertamente nunca cesó de sentir un constante dolor por sus pecados y durante toda su vida los llevó como una gran carga secreta en su corazón. Sin embargo,
Por eso, dirigió apresuradamente su amor y deseo hacia esa nube del no-saber y aprendió a amarle, sin verle a la clara luz de la razón ni sentir su presencia en el goce sensible de la devoción. Tan absorta estaba en el amor que con frecuencia olvidaba si había sido pecadora o inocente. Si, pienso que se enamoró tanto de la divinidad del Señor que apenas se daba cuenta de la belleza de su presencia humana cuando estaba sentado junto a ella, hablando y enseñando. Por el relato evangélico se diría que llegó a olvidarse de todo, tanto de lo material como de lo espiritual.
Que un verdadero contemplativo no ha de mezclarse
en la vida activa ni preocuparse de lo que está
a su alrededor ni siquiera defenderse
contra los que le critican
En el Evangelio de san Lucas leemos que nuestro Señor entró a casa de Marta, y mientras ella se puso inmediatamente a prepararle la comida, su hermana María no hizo otra cosa que estar sentada a sus pies. Estaba tan embelesada escuchándole que no prestaba atención a lo que hacía Marta. Ciertamente las tareas de Marta eran santas e importantes. (Son, en efecto, las obras del primer grado de la vida activa). Pero María no les daba importancia. Ni se daba cuenta tampoco del aspecto humano de nuestro Señor, de la belleza de su cuerpo mortal, o de la dulzura de su voz y conversación humanas, si bien esta podría haber sido una obra más santa y mejor. (Representa el segundo grado de la vida activa y el primero de la vida contemplativa). Pero se olvidó de todo esto y estaba totalmente absorta en la altísima sabiduría de Dios oculta en la oscuridad de su humanidad.
María se volvió a Jesús con todo el amor de su corazón, inmóvil ante lo que veía u oía hablar y hacer en torno a ella. Se sentó en perfecta calma, con el amor gozoso y secreto de su corazón disparado, hacia esa nube del no-saber entre ella y su Dios. Pues, como he dicho antes, nunca hubo ni habrá criatura tan pura o tan profundamente inmersa en la amorosa contemplación de Dios que no se acerque a él en esta vida a través de esta suave y maravillosa nube del no-saber. Y fue esta misma nube donde María dirigió el oculto anhelo de su amante corazón. ¿Por qué? Porque es la parte mejor y más santa de la vida contemplativa que es posible al hombre y no la hubiera cambiado por nada de esta tierra. Aun cuando Marta se quejara a Jesús, regañándole por no ordenarle que se levantase y la ayudase en la tarea, María permanecía allí muy quieta e imperturbable, sin mostrar el más mínimo resentimiento contra Marta por su regaño. Pero esto en realidad no ha de sorprendernos, pues estaba totalmente absorta en otra actividad, totalmente desconocida para María, y no tenía tiempo de comunicárselo a su hermana o de defenderse.
¿No ves, amigo mío, que todo este incidente relativo a Jesús y a las dos hermanas era una lección para las personas activas y contemplativas de
Cómo hasta el presente las personas activas critican
a las contemplativas por ignorancia, lo mismo
que Marta criticó a María
Así como Marta se quejó de María, de la misma manera en todo tiempo las personas activas se han quejado de las contemplativas. Sucede con mucha frecuencia que la gracia de la contemplación surge en personas de todo estado y condición de vida, tanto religiosos como seglares. Pero cuando después de bucear en su propia conciencia y buscar un consejo seguro deciden consagrarse de lleno a la contemplación, su familia y sus amigos descargan sobre ellos una tormenta furiosa de crítica tachándolos severamente de vagos. Estas personas desenterrarán toda clase de chismes horribles, verdaderos o falsos, en torno a aquellos que emprendieron esta forma de vida y acabaron en terribles males. Con toda seguridad, no tienen nada bueno que contar.
Es cierto que muchos que aparentemente habían dejado las vanidades mundanas siguieron después malos caminos. Existe siempre este peligro. Estas personas que deberían haber entrado al servicio de Dios como sus contemplativos terminaron siendo esclavos del demonio y contemplativos del diablo porque rehusaron escuchar el consejo de los auténticos guías espirituales. Se convirtieron en hipócritas o herejes y cayeron en delirios y otras perversidades que les llevaron a difamar la santa Iglesia. Dudo si proseguir en torno a esto ahora, por miedo a oscurecer nuestro tema. Pero después, Dios mediante, si veo que es necesario, te diré algunas de las causas y circunstancias de su caída. Dejemos por el momento el tema y sigamos con nuestro argumento.
Breve defensa del autor en que enseña
que los contemplativos han de excusar
a las personas activas que se quejan de ellos
Quizá pienses que he insultado a Marta, uno de los amigos especiales de Dios, comparándola con las personas mundanas que critican a los contemplativos, o por haberlos comparado con ella. En realidad, no quería ofender a ninguno de ellos. No permita Dios que yo diga algo en este libro que condene a alguno de los amigos de Dios en cualquier grado de santidad en que se encuentre, ni a uno solo de sus santos. Pues creo en verdad que debemos excusar a Marta por quejarse, teniendo en cuenta el tiempo y las circunstancias del incidente. No se daba cuenta entonces de lo que María estaba haciendo. Tampoco ha de sorprender, pues dudo que hubiera oído hablar alguna vez de la posibilidad de tal perfección. Además, fue cortés y breve en su queja, y por eso creo que debe quedar completamente excusada.
Pienso igualmente que los críticos con mentalidad mundana que encuentran faltas a los contemplativos han de ser también perdonados en atención a su ignorancia, aun cuando a veces son también desconsiderados. Así como Marta era ignorante de lo que decía cuando protestaba ante el Señor, de la misma manera estas personas entienden poco o nada sobre la vida contemplativa. Les exaspera el ardor de los jóvenes que buscan a Dios. No pueden comprender cómo estos jóvenes pueden abandonar su carrera y oportunidades y aprestarse con sencillez y sinceridad de corazón a ser amigos de Dios. Estoy seguro de que si algo de esto tuviera sentido para ellos, no se comportarían como lo hacen. Y por lo mismo, creo que debemos excusarlos. Sólo han experimentado una forma de vida -la suya propia- y no pueden imaginar otra. Por otra parte, cuando recuerdo los caminos en que he fracasado por ignorancia, pienso que debo ejercer una amable tolerancia hacia los demás. De lo contrario no los trataría como yo quiero que me traten.
Que de un modo espiritual Dios todopoderoso
defenderá a todos los que por su amor no abandonen
su contemplación para defenderse a sí mismos
Pienso que los que se esfuerzan por ser contemplativos no sólo deberían perdonar a todos los que se quejan de ellos, sino que han de estar tan ocupados en su propio trabajo que ni siquiera se den cuenta de lo que se dice o se hace a su alrededor. Es lo que hizo María Magdalena, y por eso es nuestro modelo. Si seguimos su ejemplo, Jesús hará ciertamente por nosotros lo que hizo por ella.
¿Y qué fue lo que hizo? Recordarás que Marta urgía a Jesús a que reprendiese a María; a que le dijera que se levantara y la ayudara en la faena. Pero nuestro Señor Jesucristo, que discernía los pensamientos secretos de todos los corazones, comprendió perfectamente que María estaba inmersa en una contemplación amorosa de su divinidad, y por eso se puso de su parte. Con una cortés delicadeza propia de su bondad, contestó por ella ya que su amor por él no le permitía dejarle el tiempo suficiente para contestarle por si misma. ¿Y qué le dijo? Marta había apelado a él como a juez, pero él le contestó más que como juez. Habló como defensor legal de María puesto que esta le amaba tanto. «Marta, Marta», le dijo. La llamó dos veces por su nombre para cerciorarse de que le escuchaba y se detuvo lo suficiente para que prestara atención a lo que le iba a decir: «Te ocupas y te turbas por muchas cosas». Esto indica que las personas activas están siempre ocupadas e interesadas por un sinfín de asuntos relativos primeramente a si mismas y después a sus hermanos cristianos según lo exige el amor. Quería que Marta se diera cuenta de que su obra era importante y valiosa para su desarrollo espiritual. Añadió, sin embargo, para que no concluyera que era la mejor obra posible: «Una sola cosa es necesaria». ¿Y qué crees que es esta sola cosa? Se refería, sin duda, a la obra del amor y de la alabanza de Dios por si mismo. No hay obra mayor. Quería, finalmente, que Marta comprendiera que no es posible dedicarse enteramente a esta obra y a la acción al mismo tiempo. Las preocupaciones de cada día y la vida contemplativa no pueden combinarse adecuadamente aunque puedan unirse de una forma incompleta. Para aclarar esto, añadió: «María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada». Pues la obra del perfecto amor que comienza aquí en la tierra es la misma que el amor que es vida eterna; son una sola cosa.
Una verdadera explicación del pasaje evangélico:
«María ha elegido la mejor parte»
«María ha elegido la mejor parte». ¿Qué significa esto? Siempre que hablamos de lo mejor, suponemos algo bueno y algo mejor. Lo mejor es el grado superlativo. ¿Cuáles son, pues, las opciones de las que María eligió la mejor? No hay tres formas de vida puesto que la santa Iglesia sólo habla de dos: la activa y la contemplativa. No, el significado más profundo del relato evangélico de san Lucas que acabamos de considerar es que Marta representa la vida activa y María la contemplativa, siendo la primera absolutamente necesaria para la salvación. Por eso, cuando se impone una opción entre dos, una de ellas no puede llamarse la mejor.
Con todo, aunque la vida activa y contemplativa son dos formas de vida dentro de la santa Iglesia, sin embargo, dentro de ellas tomadas en conjunto, hay tres partes, tres grados ascendentes. Ya hemos hablado de ellos, pero los resumiré aquí brevemente. El primer grado o escalón es la buena y recta vida cristiana en la que el amor es predominantemente activo en las obras corporales de misericordia. En el segundo, una persona comienza a meditar en las verdades espirituales relativas a sus propios pecados, a
En el tercer grado o escalón una persona entra en la oscura nube del no-saber donde en secreto y sola centra todo su amor en Dios. El primer grado es bueno; el segundo, mejor, pero el tercero es el mejor. Esta es la mejor parte correspondiente a María. Ahora resulta claro por qué nuestro Señor no dijo a Marta: «María ha elegido la vida mejor». Sólo hay dos modos de vida y, como dije, cuando una elección es sólo entre dos, una no puede llamarse la mejor. Pero nuestro Señor dice: «María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada».
Las partes primera y segunda son buenas y santas pero desaparecerán con el paso de esta vida mortal. Pues en la eternidad no habrá necesidad de obras de misericordia como la hay ahora. La gente no tendrá hambre ni sed, ni morirá de frío o de enfermedad, sin hogar o cautiva. Nadie necesitará una sepultura cristiana, pues no morirá nadie. En el cielo ya no habrá que lamentarse por nuestros pecados o por
Replicaré con las palabras del Señor a las personas activas que se quejan de nosotros. Que hable él por nosotros como lo hizo por María cuando dijo: «Marta, Marta». Dice: «Oíd, todos los que vivís la vida activa: sed diligentes en las obras de la primera y segunda parte, trabajando ora en una, ora en otra. Y si os sentís inclinados, acometed intrépidamente las dos. Pero no os metáis con mis amigos contemplativos, pues no entendéis lo que les aflige. No les recriminéis el ocio de la tercera y mejor parte que es la de María»
Del maravilloso amor que Cristo
tuvo por María Magdalena, que representa
a todos los pecadores verdaderamente arrepentidos
y llamados a la contemplación
Dulce fue el amor entre María y Jesús. ¡Cómo le amaba! ¡Y cuánto más la amaba él! No tomes el relato evangélico a la ligera como si fuera un cuento superficial. Describe su mutua relación con toda verdad. Al leerlo, ¿quién no ve que ella le amaba intensamente, sin reservarse nada de su amor y rechazando a cambio toda comodidad que no fuera la de su amor? Es la misma María que le buscó llorando ante la tumba aquella primera mañana de Pascua. Los ángeles le hablaron entonces suavemente: «No llores, María», le dijeron. «Pues el Señor a quien buscas ha resucitado, como dijo. Va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis con sus discípulos, como os prometió». Pero los mismos ángeles fueron incapaces de tranquilizarla o de detener sus lágrimas. Difícilmente podían los ángeles confortar a quien había salido al encuentro del Rey de los ángeles.
¿Debo continuar? Sin duda, cualquiera que estudie
Que en el camino espiritual Dios contestará
por y cuidará de todos aquellos que no abandonan
su contemplación para responder por
y cuidarse de sí mismos
Te aseguro que si con la gracia de Dios y un consejo fiable nos esforzamos con toda el alma en modelar nuestro amor y nuestra vida a imagen de los de María.
Magdalena, nuestro Señor nos defenderá como la defendió a ella. Todo el que piense o hable contra nosotros sentirá el reproche del Señor en lo secreto de su conciencia. Esto no quiere decir que no tendremos nada que aguantar. Tendremos que sufrir mucho, como María. Pero digo que si no prestamos atención a ello y proseguimos pacíficamente nuestra obra contemplativa a pesar de las criticas, como ella lo hizo, nuestro Señor reprenderá a los que nos hieren en lo profundo de sus corazones. Si son personas sinceras y abiertas, no dudarán en sentirse avergonzadas de sus pensamientos y palabras en pocos días.
Y así como él vendrá en nuestra ayuda espiritual, de la misma manera incitará a otros a procurarnos comida y vestido y satisfará las necesidades de la vida cuando vea que no dejamos la obra del amor para atender a tales cosas por nosotros mismos. Digo esto especialmente para refutar a los que erróneamente sostienen que nadie se puede dedicar a la vida contemplativa sin haber provisto antes a todas sus necesidades materiales. Dicen: «Dios envía la vaca, pero no por el cuerno». Pero interpretan falsamente a Dios y ellos lo saben. Pues Dios nunca defrauda a los que verdaderamente abandonan los intereses mundanos para dedicarse a él. Puedes estar cierto de esto: él proporcionará una de las dos cosas a sus amigos. Q recibirán en abundancia todo lo que necesiten, o les dará aguante físico y un corazón paciente para soportar la necesidad. ¿Qué más da que haga lo uno o lo otro? Le es todo lo mismo al verdadero contemplativo. Todo el que pone en duda esto, demuestra que el maligno ha robado la fe de su corazón o que todavía no está tan totalmente entregado a Dios como debiera, a pesar de ingeniosas y estudiadas apariencias en contrario.
Vuelvo a repetir una vez más a todo aquel que quiera ser un auténtico contemplativo como María: deja que sea la maravillosa trascendencia y bondad de Dios la que te enseñe la humildad, mejor que el pensamiento de tus propios pecados, pues entonces tu humildad será perfecta. Atiende más a la soberanía absoluta de Dios que a tu propia miseria. Y recuerda que los que son perfectamente humildes no carecerán de nada de cuanto necesitan, sea en el orden espiritual o material. Dios les pertenece y él es su todo. Quien posee a Dios, como atestigua este libro, no necesita otra cosa en esta vida.

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