Y fue al borde de un arroyo, que los fatigados y afligidos volvieron en busca de Jesús. Y como niños, habían olvidado la Ley y como los niños, buscaban a su Padre para que les mostrara dónde habíanse extraviado, y les condujera nuevamente al sendero recto. Y cuando el sol elevose sobre el borde de la tierra, vieron a Jesús venir a ellos desde la montaña, con el fulgor del sol naciente sobre su cabeza.
Y levantó su mano y les sonrió diciendo: "La paz sea con vosotros".
Mas sintieron vergüenza de devolver el saludo, pues habían vuelto sus espaldas a las Sagradas Enseñanzas y los ángeles de la
Madre Terrenal y del Padre Celestial no estaban con ellos.
Y uno levantó su mirada angustiada y dijo: “Maestro, tenemos dolorosa necesidad de tu sabiduría. Pues conocemos el bien, mas seguimos en el mal. Sabemos que para entrar
al Reino de los Cielos debemos caminar con los ángeles del Día y de la Noche; sin embargo transitamos los caminos del malvado. La luz del día brilla tan sólo sobre nuestra búsqueda del placer y la noche cae sobre nuestro negligente estupor. Dinos, Maestro, ¿cómo podemos hablar con los ángeles y permanecer en su círculo sagrado, para que la Ley brille en nuestros corazones con su llama constante?
“Alzar vuestros ojos al cielo
Cuando los hombres al suelo miran.
Adorar a los pies de los ángeles
Cuando los hombres tan sólo riqueza y fama adoran,
No es fácil.
Mas lo más difícil de todo
Es pensar los pensamientos de los ángeles,
Hablad las palabras de los ángeles,
Y haced como los ángeles.”
Y alguien dijo: “Pero Maestro, tan sólo somos hombres, no somos
Ángeles. ¿Cómo podemos esperar transitar por sus caminos? Dinos que debemos hacer”.
Y Jesús habló:
” Como el hijo hereda la tierra de su padre,
Así heredamos la sagrada tierra
de nuestro Padre.
Tierra que no es campo para arar,
Sino un sitio en nosotros mismos
Para construir el Sagrado Templo,
Y como tal ha de levantarse
Piedra sobre Piedra.
Con que construir el Sagrado Templo,
el que hemos heredado
de nuestros padres
Y de los padres de sus padres.”
Y reunieronse todos alrededor de Jesús y sus rostros brillaban deseosos de escuchar las palabras de sus labios. Elevó su rostro
hacia el sol naciente y el esplendor de sus rayos fulguraban en sus ojos al hablar:
“El Sagrado Templo habrá de ser construido
Tan sólo con las antiguas Comuniones;
Las que se hablan,
Las que se piensan,
Las que se viven.
Pues si tan sólo se hablan,
Son cual colmena muerta
Que abandonaran las abejas,
Sin dar ya miel.
Las comuniones son un puente,
Entre el hombre y los Ángeles,
Y como un puente sobre un río
piedra sobre piedra está construido
Con las piedras que se encuentras
En la orilla de las aguas.
Y catorce son las comuniones
Como siete son los ángeles del Padre Celestial
Y siete los ángeles de la Madre Terrenal
Y como las raíces del árbol
Penetran en la tierra y son nutridos
Y las ramas del árbol
Elevan sus ramas hacia el cielo,
Así cual tronco del árbol es el hombre,
Y profundas sus raíces hunde
En el seno de la Madre Terrenal,
Y su alma asciende
Hasta las estrellas brillantes del Padre Celestial.
Y cual raíces del árbol
Son los ángeles de la Madre Terrenal,
Y las ramas del árbol
Los ángeles del Padre Celestial
Y este es el Sagrado árbol de la Vida
que en el Mar Eterno crece.
La PRIMERA COMUNIÓN es con
el Ángel del Sol,
Que por las mañanas viene
Cual desposada de su alcoba
Y derrama su Áurea luz sobre la tierra.
Oh, tú, inmortal, brillante, alígero,
Ángel del Sol!
No hay calor sin ti,
Ni fuego sin ti,
Ni vida hay sin ti.
Las hojas esmeralda de los árboles
te adoran.
Y por ti del trigo la simiente
En áureo río de hierba se convierte
Que ondula con el viento.
Por ti la flor se abre
En el centro de mi cuerpo.
Nunca de ti me ocultaré por tanto
Ángel del Sol,
Sagrado Mensajero de la Madre Terrenal,
Entra en el Sagrado Templo de mi alma
Y dame el Fuego de la Vida.
La SEGUNDA COMUNIÓN es con
el Ángel del Agua.
Que hace la lluvia
Caer sobre las áridas llanuras,
Y desbordar el seco pozo.
Sí, te veneramos, raíces de la vida.
Del celestial océano
Precipitanse las fluyentes aguas,
Desde las eternamente pródigas fuentes.
Fluyen en mi sangre
mil puros manantiales,
Y nubes y vapores,
Y las aguas todas
Que sobre siete reinos se derraman.
Las aguas todas
Que el Creador ha hecho.
Sagradas son.
La voz del Señor
Está sobre las aguas,
El Dios de Gloria atruena;
El Señor está sobre las aguas.
Ángel del Agua,
Sagrado Mensajero de la Madre Terrenal,
Entra en la sangre que en mi fluye,
Lava mi cuerpo con la lluvia
Que del cielo cae,
Y dame el Agua de Vida.
La TERCERA COMUNIÓN es con
El Ángel del Aire
Que derrama la fragancia
De aromáticas campiñas
De la hierba en primavera tras las lluvias
De capullos florecientes de la
Rosa de Sharon.
Adoramos el Sagrado Aliento
De la cima de las cosas creadas.
Oh eterno soberano
Espacio luminoso
Donde reinan las innumeras estrellas
En el aire que aspiramos
Y el aire que exhalamos.
Y en el instante
Entre la aspiración y la exhalación
Se esconden los misterios
del Huerto Infinito.
Ángel del Aire,
Sagrado mensajero de la Madre Terrenal,
Entre en mi profundamente,
Como golondrina que del cielo se abalanza,
Para conocer los secretos de los vientos
Y la música de las estrellas.
La CUARTA COMUNIÓN es con
El Ángel de la Tierra.
Que procrea las uvas y las mieses
De la plenitud de la Tierra
Y procrea los hijos
Del esposo y de la esposa.
A quien la tierra labre
Con el brazo izquierdo y derecho
Provéale ella
con abundancia de frutas y de granos,
Plantas de matices áureos,
que crecen de la tierra
durante la primavera,
En la extensión de la tierra<
Hasta donde llegan los ríos,
hasta donde el sol asciende,
Y otorgan presentes de alimentos a los hombres.
Alabo la anchurosa tierra
Cruzada en la lejanía de senderos,
La productora, la fertilidad llena,
tú, Madre, Sagrada planta!.
Sí, alabo los campos y los huertos
Donde creces,
Aromática y prestamente derramando
Los frutos buenos del Señor.
Quien mieses, hierba y fruta siembra,
Siembra la Ley;
Y abundante será la cosecha
Y los cultivos maduros en los montes.
En recompensa para los seguidores de la Ley,
Envió el Señor el ángel de la Tierra,
Sagrado Mensajero de la Madre Terrenal
para que las plantas crezcan,
Y haga fértil el vientre femenino,
Que en la tierra nunca falten
Las risas de los niños.
Adoremos al Señor en Él.
La QUINTA COMUNIÓN es con
el Ángel de la Vida,
Que al hombre fuerza y vigor da.
Pues, oh, si no es la cera pura
¿Cómo puede la vela dar brillante flama?
Id, entonces, a los árboles umbrosos,
Y frente al más bello,
Elevado y poderoso,
Decid estas palabras:
Salud a ti, oh, viviente árbol bueno,
Hecho por el Creador!.
Entonces el Río de la Vida
Fluirá entre tú y tu hermano,
El árbol.
Y la salud del cuerpo,
la rapidez del paso,
finura del oído,
La fuerza de los brazos
Y la mirada del águila, serán vuestros.
Tal es la Comunión con el Ángel de la Vida,
Sagrado mensajero de la Madre Terrenal.
La SEXTA COMUNIÓN es con
El Ángel de la Alegría,
Que sobre la tierra desciende
Y a los hombres da belleza.
Al Señor no se le adora con tristeza,
Ni lamentos de dolor.
Deja tus tristezas y lamentos
Y entona al Señor un nuevo canto,
Canta al Señor la tierra entera,
Regoncijanse los cielos,
Y alégrese la tierra.
Que los campos llénense de gozo,
Que batan palmas los torrentes,
Y llénense de alegría las colinas.
Ante el Señor
Vendrás con alegría
Y de paz estarás rodeado:
las montañas y las colinas
Prorrumpirán en cantos ante ti,
Ángel de la Alegría,
Sagrado Mensajero de la Madre Terrenal.
Cantaré al Señor,
Mientras viva.
Cantaré alabanzas a mi Dios,
En tanto a mi ser tenga.
La SÉPTIMA COMUNIÓN es con
Nuestra Madre Terrenal,
La que envía a sus ángeles
para guiar las raíces del hombre
Y enviarlas al profundo bendito suelo.
Invocamos a la Madre Terrenal!,
Sagrada Conservadora!.
Sagrada Mantenedora!.
Ella resultará el mundo!.
La tierra es suya
Y su plenitud: El mundo,
Y a quienes él habitan.
Adoramos la buena, la fuerte,
La benéfica Madre Terrenal
Y a sus ángeles todos
Bondadosos, valientes, cordiales,
Llenos de fuerza;
Dispensadores de salud.
Por su brillo y su gloria
Crecen las plantas en la tierra,
Junto a eternamente pródigas fuentes.
Por su brillo y por su gloria
Soplan pródigos los vientos.
Impeliendo las nubes
Hasta las fuentes eternas.
La Madre Tierra y yo somos uno.
En ella mis raíces tengo
Y ella en mii se deleita,
Conforme a la Sagrada Ley”.
Entonces hubo un gran silencio al meditar en las palabras de Jesús y nueva fuerza renació en ellos y el deseo y la esperanza brillaron en sus rostros. Y entonces alguien dijo: “Maestro, estamos llenos de fervor por empezar nuestras Comuniones con los ángeles de la Madre Terrenal que plantó el gran Huerto de la tierra. Mas, de los ángeles del Padre Celestial que gobiernan por la noche, ¿Cómo
podremos hablar con ellos que tan lejos están de nosotros e invisibles son a nuestros ojos? Pues podemos ver los rayos del sol, podemos sentir el agua fresca del arroyo en el que nos bañamos, y las uvas son tibias al tacto como maduran en las vidas. Mas los ángeles del Padre Celestial no pueden ser vistos, ni oídos, ni tocados. ¿Cómo entonces podremos hablarles y entrar al Huerto Infinito?. Maestro, dinos qué debemos hacer?.
Y el sol de la mañana circundó de gloria la cabeza de Jesús al mirarles, y les dijo:
“Hijos míos, ¿no sabéis que la tierra
y en cuanto en ella habita
Es tan sólo un reflejo del
Reino del Padre Celestial?
Así como son amamantados y consolados
Por vuestra madre cuando erais niños
Y vas a los campos a reuniros con el padre
cuando sois mayores,
Así los ángeles de la Madre Terrenal
Guiarán vuestros pasos
Hacia el que es vuestro Padre,
Y hacia sus ángeles sagrados,
Y lleguéis a ser verdaderos Hijos de Dios.
Cuando somos niños,
Vemos los rayos del sol
Mas no al Padre que los creó,
Cuando somos niños
Oímos el sonido murmurante del arroyo
Mas no al Amor que los creó,
Cuando somos niños
Vemos las estrellas
Mas no la mano que las dispersa
Por la bóveda del cielo,
Como el labriego esparce la semilla.
sólo por las Comuniones
Con los ángeles del Padre Celestial
Aprenderemos a ver lo invisible,
A oír lo inaudito,
Y a decir la palabra inefable.
La PRIMERA COMUNIÓN es con
el Ángel del Poder,
Que llena al sol del calor,
Guía la mano del hombre
En todas sus obras.
Tuyo, Oh, Padre Celestial
Fue el Poder,
Cuando ordenaste un sendero
Para todos y cada uno de nosotros.
Por tu Poder
transitarán mis pies
El sendero de la Ley,
Por tu Poder
Mis manos ejecutarán tus obras.
Que el áureo río del Poder
Fluya siempre de TI a mí,
Y mi cuerpo hacia ti siempre vuelva,
Como la flor que hacia el sol se vuelve.
Que no hay poder salvo el
Que viene del Padre Celestial,
Lo demás es solo un sueño polvoriento,
Una nube que pasa frente al sol.
No hay hombre que poder tenga
Sobre el espíritu;
Ni poder tiene sobre el día de su muerte.
Tan sólo el poder que de Dios viene.
Rescatarnos puede de la Ciudad de la Muerte.
Nuestras obras y actos guía,
Oh Ángel del Poder
Sagrado mensajero del Padre Celestial!.
La SEGUNDA COMUNIÓN es con
El Ángel del Amor,
Cuyas aguas salutíferas fluyen
en corriente infinita,
Desde el Mar de la Eternidad.
Amado, amémonos los unos a los otros
Pues el Amor es del Padre Celestial
Y todo cuanto se ama
Nace de la Orden Celestial
Y conoce a los ángeles.
Pues sin Amor
Está seco y agrietado el corazón del hombre
Como el fondo de un pozo sin agua
Y sus palabras son vacías
Cual un calabozo hueco.
Mas dulce miel son las palabras amantes,
Dulces al alma,
Las palabras amantes en la boca de un hombre,
Son como aguas profundas,
Y un manantial de amor
Como un arroyo que fluye.
Sí, deciase antaño,
Amarás a tu Padre Celestial
Con todo el corazón,
Y toda la mente y con todos tus actos.
Y amarás a tus hermanos
Como a ti mismo.
El Padre Celestial es Amor
Y quien mora en el Amor
Hogar encuentra en el Padre Celestial,
y el Padre Celestial en él.
Quien no ama es un pájaro errabundo
expulsado de su nido;
Para él falta la hierba
Y amargo sabor tiene el arroyo.
Y si un hombre dijera
Amo al Padre Celestial
Mas odio a mi hermano, es un mentiroso:
Pues quien no ama a su hermano
A quien a visto,
¿Cómo puede amar al Padre Celestial
A quien no ha visto?
Por ésto conocemos a los Hijos de la Luz;
Caminan con el Ángel del Amor,
Pues aman al Padre Celestial
Y a sus hermanos aman
Y guardan la Sagrada Ley.
El Amor es más fuerte
Que las corrientes de aguas profundas:
EL AMOR ES MAS FUERTE QUE LA MUERTE.
La TERCERA COMUNIÓN es con
El ángel de la Sabiduría,
Que libera de temor al hombre,
Y de amplio corazón le hace,
Y de conciencia tranquila.
Sabiduría Sagrada.
La comprensión que se despliega,
Continuamente,
Como un rollo sagrado,
Mas no viene del estudio.
Toda Sabiduría viene del Padre Celestial
Y con Él está por siempre.
¿Quién puede contar las arenas del mar,
Y las gotas de lluvia
y los días de la eternidad?
¿Quién puede medir la altura de los cielos
Y la amplitud de la tierra?
¿Quién puede narrar el principio de la Sabiduría?
La Sabiduría fue creada
Antes que todas las cosas.
Quien de Sabiduría carece
Es como el que dijo al madero,
“Despierta”, a la muda piedra
”Levántate y enseña”.
Así sus palabras son vacías,
Y sus dañinos sus actos
Cual niño que blande la espada de su padre
Y no conoce su cortante filo.
Mas la corona de la Sabiduría
hace florecer la paz y la salud perfecta.
presentes ambos de Dios.
Oh, tú, Orden Celestial
Y tú Ángel de la Sabiduría,
Te adoraré,
Y al Padre Celestial, por quien
El río del pensamiento en nosotros
Fluye hacia el Sagrado Mar de la Eternidad.
La CUARTA COMUNIÓN es con
el Ángel de la Vida Eterna,
Que trae mensaje de la Eternidad
Al hombre el
Pues quien con los ángeles camina
Aprenderá a remontarse
Por encima de las nubes,
Y su hogar estará
en el Mar Eterno
Donde está el Sagrado árbol de la Vida.
No esperéis la muerte
Para revelar el gran misterio,
Si no conoces al Padre Celestial
Mientras hollas el suelo polvoriento,
Entonces para ti habrá tan sólo sombras
En la vida por venir.
Aquí y ahora
Es el misterio revelado.
Aquí y ahora
El telón es levantado.
No temáis, oh, hombres.
Teneos de las alas del
Ángel de la Vida Eterna,
Y remóntate al sendero de las estrellas,
La luna, el sol y la ilimitada Luz,
Que giran en
Sempiternos círculos para siempre,
Y vuela hacia el Mar Celestial
De Vida Eterna.
La QUINTA COMUNIÓN es con
El Ángel del Trabajo,
Que canta en el zumbido de la abeja,
Sin reposo para hacer la miel dorada;
En la flauta del pastor,
Que no duerme, no sea que el rebaño se extravíe,
En el canto de la virgen
Al poner su mano en el huso.
Y si crees que estas
No son tan bellas a los ojos del Señor
Como las más excelsas oraciones
Que resuenan en lo alto de los montes,
Entonces ciertamente yerras.
Pues el trabajo digno de humildes manos
Es una oración diaria de gratitud,
Y la música del arado
Un canto gozoso ante el Señor.
Quien coma el pan del ocio
Morir de hambre debe,
Pues un campo de piedras
sólo piedras produce.
Para él es el día sin sentido,
Y la noche amarga jornada de malditos sueños
La mente del ocioso
Llena está de semillas del descontento.
Mas quien camina con el
Ángel del Trabajo,
Campos fértiles en su interior florecen,
En los que la mies y la uva
Y toda la clase fragantes
Hierbas y flores crecen abundantes.
Como siembres, será tu cosecha.
El hombre de Dios que encontró su faena
ya no pedirá bendición alguna.
La SEXTA COMUNIÓN es con
el Ángel de la Paz,
Cuyo beso calma otorga,
Y cuyo rostro es superficie
de imperturbadas aguas,
En las que reflejase la luna.
Invocaré la Paz,
Cuyo aliento es amistoso,
Cuya mano alisa el ceño perturbado.
En el Reino de la Paz
No hay ni hambre ni sed,
Ni corrientes frías ni calientes,
Ni decrepitud ni muerte.
Mas quien en su alma Paz no tiene,
No tiene lugar en su interior para construir
El Templo Sagrado;
Pues, ¿cómo podrá construir el carpintero
En medio del torbellino?
La simiente de violencia producir puede
Cosecha de desolación tan sólo,
Y en reseco lodo no
Cosa viviente alguna crecerá.
Busca al Ángel de la Paz, por tanto,
Que es cual estrella matutina
En medio de las nubes,
Como la dulce luna llena,
Como el bello olivo que brotones produce antes que frutos
O sol brillando sobre el Templo
Del Altísimo.
La paz habita en el corazón del silencio:
Ten calma, sabe, soy Dios.
La SÉPTIMA COMUNIÓN es con
el Padre Celestial,
Que es,
Que fue, y
Que por siempre será.
Oh, Gran Creador!
Creaste a los Ángeles Celestiales,
Y tú revelaste las Leyes Celestes.
Eres mi refugio y mi fortaleza,
Lo eres desde la eternidad,
Señor, has sido nuestro albergue
En las generaciones sempiternas,
Antes de que brotaran las montañas,
Aún antes de que formaras la tierra.
Desde siempre y para siempre.
Eres Dios.
Quien hizo las aguas,
¿Y quién las plantas hizo,
¿Quién al viento,
Unció las nubes de tormenta,
más veloces y fugaces?
Quién oh Gran Creador!
¿Es la fuente de Vida Eterna en nuestras almas?.
¿Quién hizo la Luz en las tinieblas?
¿Quién hizo el sueño y el deleite de las horas de vigilia?
¿Quién dispersó las melodías y las medianoches?.
Tú, Oh, Gran Creador.
Tú hiciste la tierra
Con tu Poder,
Estableciste el mundo.
Con tu sabiduría
extendiste los cielos
Con tu Amor.
Revélame
Oh, Padre Celestial,
Tu naturaleza,
Que es el poder de los ángeles de tu Sagrado Reino.
La inmortalidad y el Orden Celeste
Diste tú, Oh, Creador,
Y la mejor de todas las cosas,
Tu Sagrada Ley.
Alabaré tus obras
Con cantos gratitud.
En el transcurso del tiempo.
A la llegada del día
Abrazo a mi Madre,
al llegar la noche
Me uno a mi Padre,
Y a la partida de la noche y la mañana
respiraré Su Ley,
Y no interrumpiré las Comuniones
hasta el fin de los tiempos”.
Y hubo un gran silencio en el cielo y en la tierra, y la paz del Padre Celestial y de la Madre Terrenal brilló sobre las cabezas de Jesús y de la multitud.

bravenet.com