untitled

 

EL LIBRO ESENIO DE MOISÉS:
LOS DIEZ MANDAMIENTOS.


Y una humareda cubrió el Monte Sinaí, porque el Señor descendió en fuego sobre él.
Y el humo ascendía como el de un horno y
Toda la montaña estremeciose fuertemente.
Y descendió el Señor sobre la cima del Monte Sinaí. Y el Señor llamó a Moisés a la cima, y Moisés subió.
El Señor llamó a Moisés desde la Montaña, diciendo: “Ven a Mí, porque voy a darte las leyes para tu pueblo, que será un convenio para los Hijos de la Luz.
Y Moisés subió hasta Dios. Y Dios habló en estas palabras, diciendo:
Yo soy la Ley, tu Dios, que te libró del cautiverio de las tinieblas. No tendrás otras leyes ante Mí. No harás imagen alguna de la Ley en cielo ni en la tierra. Yo soy la Ley invisible, sin comienzo
y sin final. No harás leyes falsas, porque Soy la Ley y la Ley de
todas las Leyes. Si me desertaras, serás visitado por desastres de generación en generación. Si guardas mis mandamientos entrarás en el Huerto Infinito donde está el Árbol de la Vida, en medio del eterno mar.
No violarás la Ley. La Ley es tu Dios, que no te considerará sin culpa.
Honra a tu Madre Terrenal para que tus días puedan ser muchos en la tierra y honra a tu Padre Celestial para que la vida eterna sea tuya en los cielos, pues los cielos y la tierra te son dados por la Ley, que es tu Dios.
Saludarás a la Madre Terrenal en la mañana del Sabat.
Saludarás al Ángel de la Tierra en la segunda mañana.
Saludarás al Ángel de la Vida en la tercera mañana.
Saludarás al Ángel de la Alegría en la cuarta mañana.
Saludarás al Ángel del Sol en la quinta mañana.
Saludarás al Ángel del Agua en la sexta mañana.
Saludarás al Ángel del Aire en la séptima mañana.
A todos estos ángeles de la Madre Terrenal habrás de saludar, y de consagrarte a ellos, para que puedas entrar al Huerto Infinito donde está el Árbol de la Vida.
Adorarás a tu Padre Celestial en la tarde del Sabat.
Comulgarás con el Ángel de Vida Eterna en la segunda tarde.
Comulgarás con el Ángel del Trabajo en la tercera tarde.
Comulgarás con el Ángel de la Paz en la cuarta tarde.
Comulgarás con el Ángel del Poder en la quinta tarde.
Comulgarás con el Ángel del Amor en la Sexta tarde.
Comulgarás con el Ángel de la Sabiduría en la séptima tarde.
Con todos los ángeles del Padre Celestial habrás de comulgar para que tu alma pueda bañarse en la Fuente de Luz y entrar en el Mar de la Eternidad.
El séptimo día es el Sabat: lo guardarás y lo mantendrás como día sagrado. El Sabat es el día de la Luz, de la Ley, de tu Dios. En él no harás trabajo alguno, sino buscarás la Luz, el Reino de Dios y todas las cosas se te darán.
Pues sabe que durante seis días trabajarás con los ángeles, ya que
el séptimo día moraras en la Luz del Señor que es la Ley Sagrada.
No tomaras la vida de cosa viviente alguna. La vida sólo viene de Dios quien la da y la toma.
No degradaréis el Amor. Es el sagrado regalo del Padre Celestial.
No cambiarás tu alma, presente inapreciable del amante de Dios, pues las riquezas del mundo, que son cual semillas plantadas en terreno pedregoso, que por no tener raíz, tan sólo un corto tiempo duran.
No serás testigo falso de la Ley, para usarla contra tu hermano:
Sólo Dios conoce el principio y el final de las cosas, pues Su ojo es único y Él es la Ley Sagrada.
No codiciarás las posesiones de tu prójimo. La Ley te dará presentes mucho más grandes, la tierra y los cielos, si guardares los mandamientos del Señor tu Dios.”
Moisés escuchó la voz del Señor y selló en su corazón la alianza entre el Señor y los Hijos de la Luz. Y volviose Moisés, y bajó de la Montaña, y las tablas de la Ley estaban en sus manos.
Y las tablas eran la obra de Dios y la escritura de Dios, grabada en las tablas.
Y el pueblo no sabía que había sido de Moisés, se reunieron y desprendieronse de sus ornamentos de oro e hicieron un becerro fundido. Adoraron al ídolo y le ofrecieron ofrendas quemadas.
Y comieron y bebieron y danzaron ante el becerro de oro que habían hecho y se abandonaron a la corrupción y al mal delante del Señor.
Y sucedió que al aproximarse al campo, vio el becerro y las danzas y la maldad de su pueblo; la cólera de Moisés fue tan grande que arrojó las tablas que rompieronse monte abajo..
Y sucedió que a la mañana siguiente Moisés le dijo a su pueblo: Habéis cometido un gran pecado, habéis negado a vuestro Creador, Subiré hasta el Señor a suplicar la expiación para vuestro pecado.”
Y Moisés regresó hasta el Señor y dijo: Señor, has visto la profanación de tu Ley
Sagrada; pues tus hijos perdieron la fe y adoraron a las tinieblas e hicieronse un becerro de oro. Señor, perdónalos, pues son ciegos a la luz.”
Y el Señor le dijo a Moisés: “Mira, al principio de los tiempos fue hecha una alianza entre Dios y los Hijos de los hombres y la Sagrada llama del Creador entró en él y fueron hechos Hijos de Dios y les fue dada a guardar su herencia como primogénitos y
el hacer fructíferas las tierras de su Padre y mantenerlas sagradas. Y quien expulsa de sí al Creador escupe sobre su primogenitura, y no hay pecado más grande a los ojos de Dios.”
Y el Señor habló diciendo: Sólo los Hijos de la Luz pueden guardar los mandamientos de la Ley. Escúchame: las tablas que rompiste nunca más serán escritas con palabras de los hombres. Cómo tú las regresaste a la tierra y al fuego, así vivirán invisibles en los corazones de quienes puedan seguir la Ley.
A tu pueblo de poca fe, que pecó contra el Creador, cuando estas en suelo sagrado ante tu Dios, daré otra Ley. Será una Ley severa, sí, les atará, pues no conocen aún el Reino de la Luz...”
Y Moisés escondió la Ley invisible en su pecho y la guardó como un signo para los Hijos de la Luz. Y Dios dio a Moisés la Ley escrita para el pueblo. Y Moisés bajó hasta ellos y les habló con apesadumbrado corazón.
Y Moisés dijo a su pueblo: “Estas son las leyes que vuestro Dios os ha dado:
No tendréis otro Dios fuera de Mí.
No os haréis imágenes talladas.
No tomaréis el nombre del Señor tu Dios en vano.
Recordarás el Sabat, para santificarlo.
Honrad a vuestro Padre y a vuestra Madre.
No matareis.
No cometeréis adulterio.
No robaréis.
No daréis falso testimonio contra tu prójimo.
No codiciaréis los bienes de tu prójimo, ni a la esposa de tu prójimo, ni cosa alguna que pertenezca a tu prójimo.

Y hubo un día de duelo y expiación por el gran pecado contra el Creador, que no terminó.
Y las tablas rotas de la Ley Invisible vivieron escondidas en el pecho de Moisés, hasta que sucedió que los Hijos de la Luz aparecieron en el desierto y los Ángeles caminaron sobre la tierra.


Report Content · · Web Hosting · Blog · Guestbooks · Message Forums · Mailing Lists
Easiest Website Builder ever! · Build your own toolbar · Free Talking Character · Email Marketing
powered by a free webtools company bravenet.com