LAS CINCO VÍAS DE SANTO TOMÁS DE AQUINO
ESTRUCTURA GENERAL DE LAS CINCO VIAS
Las pruebas clásicas de la existencia de Dios son las "cinco vías" expuestas por Santo Tomás de Aquino (1226-1274) en Suma Teológica 1, 2, 3. Son demostraciones a posteriori, puesto que parten de datos experimentales (la existencia de entes con propiedades que denotan dependencia causal). Kant las llamó "pruebas cosmológicas", aunque son en realidad pruebas metafísicas, basadas en el principio metafísico de causalidad: "Todo ente contingente tiene una causa". Este principio depende del principio de razón de ser: "Todo lo que existe tiene su razón de ser". Todo ente que no tiene en sí mismo su razón de ser la tiene en otro ente (su causa).
Aunque Tomás sigue distintos razonamientos en su exposición de cada una de las cinco vías, éstas pueden ser reducidas a la siguiente estructura general:
- Análisis metafísico del dato empírico.
Silogismo 1:
- Mayor 1: Todo ente que tiene la propiedad P no tiene en sí mismo su razón de ser.
- Menor 1: Existe un ente S que tiene la propiedad P.
- Conclusión 1: El ente S no tiene en sí mismo su razón de ser.
La menor 1 es evidente porque es un dato empírico. La propiedad P que denota dependencia causal es diferente en cada una de las vías (movimiento, dependencia causal, contingencia, perfección limitada, sometimiento a leyes naturales). La mayor 1 será demostrada más adelante para cada una de las vías.
- Núcleo de la prueba.
Comienza con el siguiente par de silogismos:
- Silogismo 2:
- Mayor 2: Todo ente que no tiene en sí mismo su razón de ser tiene una causa.
- Menor 2: El ente S no tiene en sí mismo su razón de ser.
- Conclusión 2: Existe el ente S' que es causa de S.
- Silogismo 3:
- Mayor 3: Todo ente tiene en sí mismo su razón de ser o no tiene en sí mismo su razón de ser.
- Menor 3: Existe el ente S' que es causa de S.
- Conclusión 3: El ente S' tiene en sí mismo su razón de ser o no tiene en sí mismo su razón de ser.
La mayor 2 es evidente porque es el principio metafísico de causalidad. La menor 2 es la conclusión del silogismo anterior. La mayor 3 se deduce inmediatamente del principio lógico de tercero excluido. La menor 3 es la conclusión del silogismo anterior. La conclusión 3 ofrece dos alternativas:
- Si S' tiene en sí mismo su razón de ser, hemos hallado la causa incausada que estábamos buscando.
- Si S' no tiene en sí mismo su razón de ser, debemos volver a aplicar los silogismos 2 y 3, cambiando S por S' y S' por S''.
La parte final del núcleo de la prueba es la exclusión de una regresión infinita:
Si S' es causa de S y S'' es causa de S' entonces, finalmente, la razón de ser de S es S'', ya que, sin S'', S' no podría ser la razón de ser de S; S'' es la razón de ser de la razón de ser de S.
No es posible que la sucesión S', S'', S'''... de causas que no tienen en sí mismas su razón de ser sea infinita, porque entonces finalmente ninguna de ellas (ni el conjunto infinito formado por todas ellas) podría fundamentar la razón de ser de S. El retroceso al infinito hace retroceder indefinidamente el problema de cuál es la razón de ser de S, pero sin resolverlo y, más aún, haciendo imposible su resolución. Ahora bien, todo tiene una razón de ser. La regresión debe detenerse en un ente D que tiene en sí mismo su razón de ser y es el primer término de la sucesión de causas de S (es su "causa primera"). Este ente es llamado "Dios".
Contra la posibilidad de una sucesión infinita de causas puede aducirse también que en dicha sucesión o bien hay elementos repetidos o bien no hay elementos repetidos. Si los hay, se trata de una cadena circular compuesta por una cantidad finita de entes. En este caso cada eslabón de la cadena sería causa de sí mismo, lo cual es absurdo. Si no hay elementos repetidos, se trata de una cadena lineal compuesta por una cantidad infinita de entes actuales, lo cual es absurdo.
- Análisis metafísico del Ser Incausado.
Silogismo 4:
- Mayor 4: Todo ente que tiene en sí mismo su razón de ser no tiene la propiedad P.
- Menor 4: Existe el ente D que es causa primera de S y tiene en sí mismo su razón de ser.
- Conclusión 4: El ente D no tiene la propiedad P.
La menor 4 es la conclusión alcanzada en el núcleo de la prueba. La mayor 4 se demuestra por el absurdo. Supongamos que algún ente que tiene en sí mismo su razón de ser tiene la propiedad P. Entonces a partir de la mayor 1 se deduce que no tiene en sí mismo su razón de ser, lo cual contradice la hipótesis.
Este análisis permite deducir uno de los atributos divinos. Dios es tal que no admite la propiedad P que denota dependencia causal.
Es importante subrayar que el silogismo global de Santo Tomás es el siguiente:
- Existe un ser que es Primer Motor, Causa Primera, Ser Necesario, Ser Perfectísimo, Gobernador del Mundo, Simple, Inmaterial, Personal, etc.
- Ahora bien, un ser así, es lo que llamamos "Dios".
- Luego, Dios existe.
Por lo tanto, en rigor, la prueba tomista de la existencia de Dios no termina en el artículo de las cinco vías, puesto que sólo tras la deducción de los atributos de la Causa Primera se puede asegurar que aquello cuya existencia se ha demostrado es el mismo ser que llamamos "Dios".
La primera vía.
La primera vía es llamada también prueba por el movimiento o por las causas eficientes del devenir. Tiene antecedentes en Aristóteles.
El punto de partida de esta vía es el hecho del movimiento: Existen cosas que se mueven. El movimiento considerado aquí no se identifica con el movimiento físico, sino que es el movimiento metafísico (el paso de la potencia al acto), el cual incluye todo tipo de cambios, sustanciales o accidentales.
Para poder aplicar el razonamiento expuesto en el numeral 2.4.1 es necesario probar que todo ente que se mueve no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así porque el ser móvil está en potencia con respecto a la realidad hacia la cual tiende; debe recibirla de un ser que esté en acto con respecto a esa misma realidad. Por lo tanto el ser móvil es contingente. Por el principio de causalidad, el movimiento del ser móvil requiere una causa eficaz (un motor): Todo ente que se mueve es movido por otro.
El razonamiento seguido por Santo Tomás es similar al expuesto en el numeral 2.4.1: El motor que mueve al ser móvil puede ser inmóvil o móvil. Si es inmóvil, hemos hallado la causa primera (incausada) del movimiento del ser móvil. Si es móvil, entonces es movido por otro motor que puede ser a su vez inmóvil o móvil. Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de motores móviles actualmente subordinados, porque en una sucesión infinita todos los motores recibirían y transmitirían el movimiento, pero ninguno de ellos (ni el conjunto formado por todos ellos) podría explicarlo. Por consiguiente debe existir un primer motor inmóvil. Este ser, que es acto puro, sin mezcla de potencia, es llamado "Dios".
Esta prueba no depende de una cosmología caducada, porque no se sitúa en el plano científico, sino en el plano metafísico.
Las cosas de nuestro mundo son entes mutables, temporales. Son contingentes porque su ser actual no es metafísicamente necesario. Por ello el Ser absoluto que los hace posibles es inmutable y eterno.
Porque Dios es eterno, su acción se ejerce en el instante presente en el cambio que en él se produce. La acción del primer motor trasciende la acción de los motores segundos. Dios no cambia por su acción; es independiente del mundo que cambia. Por consiguiente, el estudio de la acción de Dios no pertenece a la ciencia, sino a la metafísica.
La segunda vía.
La segunda vía es llamada también prueba por la causación o por las causas eficientes del ser. Tiene antecedentes en Aristóteles; posteriormente fue desarrollada por Duns Escoto y Suárez.
El punto de partida de esta vía es el hecho de la causación: Existen cosas que dependen de causas eficientes actuales, tanto en su ser sustancial como en sus modos de ser accidentales.
Para poder aplicar el razonamiento expuesto en el numeral 2.4.1 es necesario probar que todo ente que depende de una causa no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así por el principio metafísico de causalidad: Todo lo que no existe por sí mismo existe por otro (su causa). Es imposible que una cosa sea la causa eficiente de sí misma. Se puede demostrar que el ser causado es contingente.
El razonamiento seguido por Santo Tomás es igual al expuesto en el numeral 2.4.1: La causa del ser causado puede ser incausada o causada. Si es incausada, hemos hallado la causa primera (incausada) del ser causado en cuestión. Si es causada, entonces es causada por otro ser que puede ser a su vez incausado o causado. Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de causas eficaces actualmente subordinadas, porque en una sucesión infinita todas las causas recibirían y transmitirían el ser, pero ninguna de ellas (ni el conjunto formado por todas ellas) podría explicarlo. Por consiguiente debe existir una causa primera incausada. Este ser, que es el Ser por sí, es llamado "Dios".
Las cosas de nuestro mundo son entes causados. Son contingentes porque son necesitados de una causa. Por ello el Ser absoluto que los hace posibles es la Causa primera, el fundamento incausado de todo lo relativo.
Dios obra en el presente sobre todas las sucesiones de causas para conservar el ser de los efectos. Se sirve de causas segundas y les da una actividad propia, pero sólo Él es la causa principal de la existencia. La causa primera es trascendente y su actividad es de orden metafísico.
La tercera vía.
La tercera vía es llamada también prueba por la contingencia o por lo posible y lo necesario. Tiene antecedentes en Platón, Avicena y Maimónides.
El punto de partida de esta vía es el hecho de la contingencia: Existen cosas que son contingentes, es decir que son pero pueden no ser. Los cambios sustanciales y accidentales son signos de contingencia.
Para poder aplicar el razonamiento expuesto en el numeral 2.4.1 es necesario probar que todo ente contingente no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así por el principio metafísico de causalidad: Todo ente contingente tiene una causa, que le da su razón de ser. El ser contingente es un ser condicionado.
El razonamiento seguido por Santo Tomás es parecido al expuesto en el numeral 2.4.1: La causa del ser contingente puede ser necesaria o contingente. Si es necesaria, hemos demostrado que hay algo necesario en lo real. Si es contingente, entonces es causada por otro ser que puede ser a su vez necesario o contingente. Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de causas contingentes, porque en una sucesión infinita todas las causas recibirían y transmitirían el ser, pero ninguna de ellas (ni el conjunto formado por todas ellas) podría explicarlo. Por consiguiente debe existir un ser necesario. Santo Tomás no excluye la posibilidad teórica de que existan seres necesarios causados. Por lo tanto el razonamiento continúa así: El ser necesario hallado puede ser necesario por sí mismo o por otro. Si es necesario por otro es causado. Excluyendo una regresión infinita, se concluye que existe un ser necesario por sí mismo, que es llamado "Dios".
Las cosas de nuestro mundo son entes contingentes. Por ello el Ser absoluto que los hace posibles es necesario; no tiene simplemente el ser en un grado contingente.
En los seres creados la existencia es un efecto, que es propio de la causa universal. Dios obra en todas partes para producir y conservar el ser contingente; la más pequeña realidad es signo de su presencia.
La cuarta vía.
La cuarta vía es llamada también prueba por los grados de perfección o por los grados de ser. Tiene antecedentes en Platón, Plotino, San Agustín y San Anselmo; posteriormente fue desarrollada por Leibnitz, Maréchal y Blondel.
El punto de partida de esta vía es el hecho de los grados de perfección: Existen cosas con diferentes grados de perfección. Se trata aquí de cualquiera de las perfecciones simples, es decir aquellas que no están necesariamente mezcladas con imperfecciones. Las perfecciones simples son de dos tipos:
- Perfecciones trascendentales (unidad, verdad, bondad, belleza).
Resultan directamente de la noción de ser y por ello convienen a todo ser.
- Perfecciones personales (inteligencia, voluntad, justicia, misericordia, etc.).
No implican por sí mismas ninguna limitación.
Para poder aplicar el razonamiento expuesto en el numeral 2.4.1 es necesario probar que todo ente de perfección limitada no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así porque una perfección que existe por sí misma es ilimitada, pues no podría ser el principio de su propia limitación. Por lo tanto el ser de perfección limitada es dependiente, ha debido recibir su perfección de otro (su causa).
Se podría aplicar aquí un razonamiento parecido al expuesto en el numeral 2.4.1: La causa del ser de perfección limitada es un ser de perfección ilimitada o limitada. Si es de perfección ilimitada, hemos hallado la causa primera del ser de perfección limitada. Si es de perfección limitada, entonces es causado por otro ser que puede ser a su vez de perfección ilimitada o limitada. Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de causas de perfección limitada, porque en una sucesión infinita todas las causas recibirían y transmitirían esa perfección, pero ninguna de ellas (ni el conjunto formado por todas ellas) podría explicarla. Por consiguiente debe existir un ser de perfección ilimitada, que es llamado "Dios".
Las cosas de nuestro mundo son entes ontológicamente finitos, en desarrollo, perfectibles. Son contingentes porque no poseen toda la perfección. Por ello el Ser absoluto que los hace posibles es infinito, absolutamente perfecto, no necesitado de adquirir perfección.
La perfección infinita de la causa primera es finita en sus efectos, pues queda limitada por la capacidad de las esencias que la reciben. Hay una simple participación de las criaturas en la perfección divina.
La quinta vía.
La quinta vía es llamada también prueba por la finalidad o por el orden del mundo o por el gobierno del mundo. Kant la llamó "prueba físico-teológica". Tiene antecedentes en Anaxágoras, Platón y los estoicos.
El punto de partida de esta vía es el hecho de las leyes naturales: Existen seres no inteligentes que obran en vista de un fin. Las actividades naturales presentan una constancia en la búsqueda del bien, lo cual denota una finalidad intencional.
A este hecho se podría oponer la objeción de los desórdenes naturales. Esta objeción subraya que las actividades naturales no realizan siempre el bien de los seres, sino "las más de las veces", como reconoce Santo Tomás. El "desorden" de la naturaleza es en realidad un orden limitado. El mal físico puede encontrar su lugar dentro de este orden.
Para poder aplicar el razonamiento expuesto en el numeral 2.4.1 es necesario probar que todo ente sometido a leyes naturales no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así porque un ser carente de conocimiento que actúa en orden a un fin no se ha dado a sí mismo la ordenación al fin sino que la ha recibido de otro ser. Un orden intencional supone la acción de una inteligencia. Ni la casualidad ni la necesidad pueden dar cuenta de este orden. Por lo tanto el ser sometido a leyes naturales es dependiente, ha debido recibir sus leyes naturales de otro ser (su causa), éste sí inteligente.
Se podría aplicar aquí un razonamiento parecido al expuesto en el numeral 2.4.1: La causa del ser sometido a leyes naturales es un ser inteligente, que existe por sí mismo o por otro. Si existe por sí mismo, hemos hallado la causa primera del orden del mundo. Si no existe por sí mismo, entonces es causado por otro ser inteligente que a su vez puede existir por sí mismo o por otro. Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de inteligencias ordenadoras que no existen por sí mismas, porque en una sucesión infinita todas estas inteligencias recibirían y transmitirían el orden natural, pero ninguna de ellas (ni el conjunto formado por todas ellas) podría explicarlo. Por consiguiente debe existir una inteligencia ordenadora que existe por sí misma, que es llamada "Dios".
Las cosas de nuestro mundo son entes que operan según una ley natural. Son contingentes porque su contenido ontológico finito las obliga a una determinada acción. Por ello el Ser absoluto que los hace posibles crea libremente, no se apoya externamente sobre una acción determinada.
Esta vía, desarrollada aquí a partir de la causa eficaz, puede también ser desarrollada a partir de la causa final. Dentro del marco de la quinta vía pueden encontrar una fundamentación adecuada los argumentos basados en los conocimientos científico-naturales acerca del orden y la evolución del cosmos y de los seres vivientes.

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